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Sangrado ocular

Sangrado ocular

03 Marzo 2025

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El sangrado ocular se define como la presencia de sangre en alguna parte del ojo y puede manifestarse en diferentes formas y con diversos niveles de gravedad. En su presentación más común, la hemorragia subconjuntival, se observa la acumulación de sangre debajo de la conjuntiva, la fina membrana que recubre la parte blanca del ojo. Aunque su apariencia puede ser alarmante, este tipo de sangrado generalmente es benigno y tiende a resolverse por sí solo en pocos días o semanas sin necesidad de tratamiento médico invasivo. Sin embargo, cuando el sangrado se localiza en otras estructuras o en mayor cantidad, como en el vítreo o en la retina, la situación se vuelve más compleja y puede afectar significativamente la visión.

El origen del sangrado ocular puede estar relacionado tanto con traumas directos al ojo, que dañan los vasos sanguíneos, como con condiciones médicas subyacentes que comprometen la integridad de estos vasos. La hipertensión arterial, al incrementar la presión sobre los pequeños vasos, y la diabetes, mediante complicaciones como la retinopatía diabética, son dos de las causas más frecuentes. Además, los trastornos en la coagulación sanguínea, ya sea por el uso de medicamentos anticoagulantes o por desórdenes hereditarios, también pueden predisponer al paciente a este tipo de hemorragias.

Los síntomas varían según la ubicación del sangrado. En casos de hemorragia subconjuntival, la manifestación más evidente es la aparición de una mancha roja en la esclerótica, la parte blanca del ojo, sin que generalmente se asocie a dolor o alteración de la visión. En contraste, cuando el sangrado ocurre en el vítreo o la retina, la visión puede verse afectada, presentándose de manera abrupta visión borrosa, la percepción de destellos o la aparición de flotadores, que son pequeñas manchas móviles en el campo visual. Estos síntomas, sumados a posibles molestias o sensación de cuerpo extraño, indican la necesidad de una evaluación médica detallada.

El tratamiento depende en gran medida de la causa y la extensión del sangrado. En el caso de una hemorragia subconjuntival, generalmente no se requiere intervención más allá de medidas de alivio, como el uso de lágrimas artificiales para reducir la irritación, ya que la condición tiende a resolverse de forma espontánea. Por otro lado, los sangrados más profundos o extensos, como los que afectan el vítreo o la retina, pueden requerir intervenciones médicas más complejas. Entre estas se encuentran procedimientos quirúrgicos, como la vitrectomía, o tratamientos con láser y medicamentos antiangiogénicos, dirigidos a controlar la proliferación anormal de vasos y a minimizar el daño visual. Es igualmente crucial tratar y controlar las condiciones sistémicas subyacentes, como la hipertensión o la diabetes, para evitar recurrencias.

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