Es una enfermedad ocular producida por el aumento de la presión que normalmente tienen los ojos. Este aumento de presión afecta el nervio óptico, encargado de transmitir al cerebro la información captada por el ojo. La interpretación que hace el cerebro de estas imágenes da como resultado el fenómeno de la visión.

Dentro de nuestros ojos se forma de manera constante un líquido transparente llamado humor acuoso. Este líquido es drenado regularmente a través de la llamada malla o red trabecular, ubicada en el ángulo situado entre la base de la córnea y el comienzo del iris. Cuando existe alguna dificultad en la salida del humor acuoso, o si el ojo produce una cantidad mayor que la proporción que logra salir, entonces aumenta la presión interna del globo ocular.

El incremento de presión dentro del ojo afecta la circulación sanguínea del nervio óptico, lo que provoca la muerte de fibras ópticas, lo que a su vez ocasiona que una cantidad menor de información sea enviada al cerebro. Esta disminución en la cantidad de imágenes procesadas se refleja en una disminución de la visión.

El daño al nervio óptico sucede usualmente de forma lenta y progresiva, sin ocasionar dolor al paciente. Es por esto que se llama al glaucoma “el ladrón silencioso de la visión”.

En su etapa inicial, el glaucoma ocasiona pérdida de visión periférica. La visión central es la última en alterarse. Al principio, el daño visual es leve y puede ser mayor en un ojo. La visión del ojo menos afectado compensa la del que tiene peor visión, y el paciente no se entera de la pérdida visual que está experimentando. Como la alteración visual ocurre de forma lenta e indolora, el paciente se percata del daño cuando empieza a chocar con objetos a su alrededor. En este punto el daño ya está muy avanzado.

Existen factores que pueden predisponer a padecer de glaucoma: antecedentes familiares; trauma o inflamación ocular; miopía; hipertensión arterial; diabetes; raza negra; edad mayor de 50 años, entre otros. Si bien es cierto que estos son factores predisponentes, el glaucoma puede afectar a personas de todas las razas y edades.

En la actualidad, el glaucoma es la primera causa de ceguera irreversible a nivel mundial. Más de la mitad de las personas afectadas por esta grave enfermedad visual no saben que la padecen, por lo que es de especial importancia el examen oftalmológico anual.

Durante la consulta el médico medirá la presión ocular y revisará el aspecto del nervio óptico. Si fuere necesario, realizará un estudio del campo visual (perimetría computarizada) para determinar si existe daño en la visión periférica, así como también un OCT (Optical Coherence Tomography: Tomografía de Coherencia Óptica) papilar, estudio que cuenta las fibras del nervio óptico y analiza su estructura para determinar si está siendo afectado por la presión ocular. Igualmente, si el doctor lo considera necesario, se harán otras pruebas como una paquimetría corneal y fotos del nervio óptico. El conjunto de estos datos definirá si el paciente padece o no de glaucoma, además de cuantificar el daño existente al momento.

En caso de que exista pérdida de visión, la misma no se puede recuperar. El glaucoma no tiene cura, pero sí se puede controlar. El tratamiento siempre tendrá como objetivo evitar que se siga perdiendo visión. En su etapa inicial el oftalmólogo indicará medicamentos en gotas para reducir la presión ocular. En algunos casos se puede empezar el tratamiento directamente con tratamiento láser, y en otros casos más avanzados, se puede combinar el uso de gotas con la aplicación de rayos láser. En los pacientes donde el daño del campo visual es severo se requerirá de procedimiento quirúrgico.

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